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A 50 años del último poema de Víctor Jara

"¡Qué espanto causa el rostro del fascismo! Llevan a cabo sus planes con precisión artera sin importarles nada"

La cultura y las artes en nuestro país siempre han sido menoscabadas y desdichadas con una trágica historia llena de perdidas y censuras. La vida de Víctor Jara es otra de esas historias con finales trágicos en la cual hasta los últimos segundos se respiró arte. Él, en la canción Manifiesto, grabada un mes antes del golpe militar, decía: “El canto tiene sentido cuando palpita en las venas del que morirá cantando las verdades verdaderas”.

Mucho se ha hablado del color político del cantautor o de su propia historia, pero poco nos hemos referido al carácter de un artista completo, que vislumbrando la muerte decide hacer arte como necesidad básica y como un último acto de protesta.

Víctor Jara, profesor, escritor, fotógrafo, director de teatro, músico, esposo y padre, hoy es recordado en todo el mundo por su obra. Obra que vuelve al colectivo nacional cada que se observan injusticias a lo largo y ancho del país. Él hablaba de El Derecho de Vivir en Paz, dando voz a niños como Luchin y nos decía Que Lindo es Ser Voluntario.

 

 

Su último poema tiene como fecha el 15 de septiembre de 1973 y lleva por nombre Estadio Chile, mismo lugar que hoy recibe el nombre de “Estadio Víctor Jara”, el cual fue testigo de los últimos minutos en vida del artista. Víctor fue apresado un día después del Golpe Militar en la Universidad Técnica del Estado, que hoy se conoce como USACH. Él trabajaba en el lugar, y había decidido permanecer junto a los estudiantes y sus colegas durante las primeras horas de la Dictadura.

Su llegada al Estadio Chile fue el 12 de septiembre junto a una multitud de más de 600 personas. Rápidamente, el artista fue identificado entre las masas por uno de los oficiales, quien comenzó a agredirlo, propinándole golpes, patadas y culatazos. Los testigos aseguran que pensaban que Víctor moriría durante la golpiza, pero durante la noche fue torturado e interrogado.

Al siguiente día, 13 de septiembre, sus compañeros aprovecharon una distracción del militar que lo vigilaba para esconderlo detrás de las gradas y así poder ayudarlo. Trataron de sanar sus heridas y uno de los hombres le cortó el cabello con un cortaúñas para ocultar sus característicos rizos. Durante el día, la noticia de que dos compañeros saldrían liberados, se hace eco entre toda la muchedumbre. En una libreta todos comenzaron a escribir mensajes a sus familias, cuando llegó la hora de Víctor Jara este escribió un poema titulado «Somos cinco mil».

 

 

Dicen que los artistas no dejan de hacer arte hasta que mueren, él decidió en sus últimas palabras seguir siéndolo, porque el arte es vida en sí misma y porque también es protesta. Víctor decidió dejar un último legado, que parte con un sentimiento de pena, pero que al final trae consigo un mensaje esperanzador, un sentimiento que siempre lo caracterizó porque él creía en los Vientos del Pueblo y nos decía que estuviéramos tranquilos porque Vamos por Ancho Camino.

El 15 de septiembre se da la orden del trasladado de todas las personas que se encontraban en el Estadio Chile hacia el Estadio Nacional. Horas antes, Víctor es llevado a los camerinos del recinto, donde es brutalmente torturado. El 16 de septiembre por la madrugada es asesinado con un tiro en la cabeza. No bastando con ello, los militares acribillaron el cuerpo del cantante recibiendo 43 impactos de bala.

Hoy en día hay siete militares relacionados con el asesinato, que se encuentran condenados, siendo estos Raúl Jofré González, Edwin Dimter Bianchi, Nelson Haase Mazzei, Ernesto Bethke Wulf, Juan Jara Quintana, Hernán Chacón Soto y Rolando Melo Silva. Seis de los condenados por los homicidios de Víctor Jara y Littré Quiroga fueron sentenciados como autores de secuestro calificado y homicidio calificado, recibiendo 15 años y un día por homicidio, y 10 años y un día por ambos secuestros. En cambio, Rolando Melo Silva, ex fiscal militar, fue condenado a 5 años y un día, y 3 años y un día por encubrir los homicidios y los secuestros.

 

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