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Amar la trama de Jorge Drexler: un álbum para cocinar a fuego lento

Amar la trama es el noveno álbum de estudio de uno de los músicos más aclamados de Latinoamérica Antes de dedicarse a la música, era otorrinolaringólogo. Hoy es el ganador de trece Grammys Latinos y un Óscar por Mejor Canción Original.

Es conocido por sus versos llenos de poesía y construcciones líricas complejas, pero genuinas. A Drexler le gusta asumir riesgos, y este disco no fue la excepción. Para su grabación, transformó un estudio de televisión en su pequeño recital personal. Juntó ahí a los músicos, y se encerraron durante 4 días a grabar el disco en vivo, con una veintena de espectadores que acompañaban de forma silenciosa. De esta forma, el uruguayo logró sortear uno de los problemas más complicados para los artistas: la presión y los tiempos de la grabación en estudio.

Con su método poco ortodoxo, logró mantener la frescura y liviandad que caracteriza a sus composiciones, grabando un álbum como quien graba una conversación con amigos en su casa.

Con un total de doce canciones, que combinan ritmos alegres y bailables (no para bailar en una discoteca, pero sí quizás mientras cocinas unos fideos en tu casa) tocados con percusiones livianas y ritmos charanguistas latinoamericanos, hasta baladas suaves que profundizan en las complejidades de la vida, y una canción en inglés. Además, este álbum incluye «Toque de queda», un dúo cantado con su pareja, la actriz y cantante española Leonor Watling. Según el mismo Drexler, es un disco lúdico, «sin el tenor melancólico y un poco angustioso» que caracterizó a sus discos anteriores.

“Amar la trama más que el desenlace”

Con esta frase como lema, Drexler pone en centro el proceso de creación y el camino recorrido (tanto en la música y en la vida) antes que el resultado y el destino. El disco reflexiona sobre las pausas y las prisas del día a día, el inmutable paso del tiempo, el amor y la amistad, todo bajo el puño, letra y acorde de uno de los músicos más talentosos de las últimas décadas. Musicalmente, uno de los momentos más atractivos del disco se encuentra en «Mundo Abisal», con la transición hacia las baterías grabadas desde otra pieza, desprendiéndose de la pista, como quien escucha con curiosidad el ensayo de una banda en un departamento cerca.

 

 

«Lo importante no es el destino final, sino lo que acontece durante el desarrollo del relato real, vital o imaginario», mencionaba en una entrevista del 2010, el año en que lanzó este álbum. «Esa pasión por la trama, por el espacio que queda entre el principio y el fin; el que hay que rellenar, en el que suceden cosas».

En «Una canción me trajo hasta aquí», habla vagamente sobre cómo la música, sin querer queriendo, lo terminó alejando de su carrera como médico otorrinolaringólogo, para jugársela de lleno por su pasión artística. Dato rosa: Jorge inició en gran parte su carrera musical, gracias a que teloneó a Caetano Veloso y a Joaquin Sabina en sus conciertos en Montevideo. Este último lo convenció de acompañarlo a España en tres shows más, y fue ahí que terminó quedándose en Madrid para vivir de sus canciones. Años después, en agradecimiento, Drexler le dedicó Salvavidas de Hielo a Sabina.

Otro punto notable, es la canción «I Don’t Worry About a Thing», el único tema en inglés del disco (y de los pocos en su discografía que no son en español), que cuenta con la colaboración en el órgano de la leyenda del jazz y el blues, Ben Sidran, conocido por su participación en la mítica Steve Miller Band.

Amar la trama es quizá uno de los discos más infravalorados de Drexler, opacado por sus otros éxitos más grandes, como «Eco», el álbum que lo llevó al estrellato y a día de hoy sigue sumando adeptos, o más recientemente sus colaboraciones con el madrileño C. Tangana. 

Las melodías y arreglos de este álbum tienen una huella inequívocadamente drexleriana, quizá con similitudes a otros artistas latinoamericanos como Kevin Johansen, pero con sonidos y una producción más moderna, sumada a una complejidad lírica que aumenta el peso de las canciones considerablemente, sin perder la liviandad que caracteriza al uruguayo. Dicho más simple: es un disco que se puede escuchar echado en la cama un domingo por la tarde, como también se puede desmenuzar canción por canción, barra por barra, para descubrir las joyitas que se esconden entre sus puzzles musicales.

Sin dudas, uno de los platos fuertes de Drexler, listo para engullir a pedido pero con la paciencia que merece, poco a poco disfrutando cómo se desenvuelven por sí solas cada canción, con producciones orgánicas y originales. Un disco para saborear a fuego lento, en definitva: para amar más su trama que el desenlace.

 

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