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DATA: Tainy y el futuro del género

El primer disco propio de Tainy nos demostró los matices de un género con alcance mundial, jugando con las influencias de la mente maestra detrás generaciones ensalmadas

Recuerdo vívidamente la primera vez que escuché «DATA». Fue hace exactamente un año, cuando el álbum recién se había lanzado. En un principio, no sabía qué esperar y, para ser sincera, ni siquiera le tenía fe; el nombre y la portada con su estética anime me intrigaron a pesar de no tener grandes expectativas. Me adentré a escucharlo como para saciar mi curiosidad; en 51 minutos me dejó con una sensación de extrañeza, una que al mismo tiempo, me gustaba. Estaba ante algo muy diferente a todo el reggaeton que había conocido en mi vida.

Tainy, cuyo nombre real es Marcos Efraín Masís Fernández, lleva más de dos décadas en la industria y si no lo conoces por su nombre, probablemente has oído más de un proyecto producido por él. Antes de siquiera tener mayoría de edad, ya estaba detrás de algunos de los mayores éxitos de figuras clave del reggaetón, como Daddy Yankee y Don Omar. Su habilidad para capturar la esencia del género en un momento crucial de su evolución, fue lo que lo llevó a figurar hoy en día como el productor con el que todos quieren trabajar.

Con DATA, el puertorriqueño no solo creó un álbum, sino que también imaginó toda una narrativa visual y conceptual para su proyecto. Inspirado en la imaginería anime de finales de los 80s y principios de los 90s, colaborando incluso con Hiromasa Ogura, la mente detrás del arte en «Ghost in the Shell», para dar vida a la portada y la historia de un androide llamado Sena. A través de la música, Sena experimenta estímulos, emociones y recuerdos que lo acercan a comprender lo que significa ser un humano. Los cables que salen de sus orejas, o más bien son insertados, sirven para cargar en su sistema las siguientes diecinueve canciones que vamos a escuchar.

 

Tainy
«Ghost In The Shell», Mamoru Oshii. 1995.

 

Lo que llama la atención de DATA es indiscutiblemente su nivel de producción. A lo largo de 19 canciones, nos sumerge en un viaje que nos atrapa desde el inicio hasta el final, en donde de forma precisa mezcla y une canción tras canción, creando un ambiente envolvente, en el que encontramos texturas retro, sonidos ochenteros, pop, electrónica futurista, y claro, mucho de este perreo que identifica a la música urbana.

Este trabajo cuenta con feats en compañía de los exponentes del género más aclamados del último tiempo como Bad Bunny, Rauw Alejandro, Myke Towers, Arcangel, Daddy Yankee, Jhay Cortez, Young Miko e incluso incorporando un tipo de sonido alejado de lo que esperamos escuchar como Skrillex, The Marias, Julieta Venegas y Four Tet.

A pesar de la diversidad de estilos y artistas que colaboran en este álbum, Tainy logra sacarlos de su zona de confort y los toma como elementos específicos, revelando nuevas facetas de cada uno de ellos. En lugar de apoyarse en los típicos beats repetitivos del reggaetón, utiliza sus talentos para crear un sonido distintivo. Cada colaboración realza y eleva a los artistas, integrándose en una sonoridad propia que, aunque pueda sonar fuera de lo común, mantiene una cohesión refrescante y una fluidez natural que nunca se siente forzada.

Desde su intro “Obstáculo” con Myke Towers podemos escuchar esa intención de salir de lo común, con una letra que nos habla de las dificultades de la vida y lo que hay que hacer para salir adelante, aunque no explora más allá. La sigue “PASIEMPRE” que continúa en esa misma línea, pero es aquí cuando comienza el cambio dinámico del sonido. Esta segunda canción es probablemente uno de los proyectos más ambiciosos, ya que se reúne nuevamente con Myke Towers, Jhayco, Omar Courtz, Arcangel, acabando con un puente donde ahora Arca, la cantante y productora venezolana, canta sobre notas electrónicas que de repente son interrumpidas por Bad Bunny, un invitado sorpresa, donde suelta líneas que están llenas de referencias a la carrera de Tainy.

 

 

 

“FANTASMA-AVC” en conjunto de Jhay Cortez, transita desde lo más urbano hacia elementos de drum & bass, creando una atmósfera única y “MOJABI GHOST” con Bad Bunny, nos ofrece una mezcla impregnada de synth wave pop de finales de los 80s combinada con los ritmos latinos clásicos en la propuesta de Benito. Ambas destacan por su popularidad y con toda la razón. Al escuchar estas dos canciones por primera vez, fue imposible no detenerme a pensar sobre lo que estaba oyendo. Las letras expresan una nostalgia, como si trataran de recordar a un amor que aún persiste, un fantasma, tal como sus títulos sugieren.

En momentos, este proyecto flaquea, cayendo en la monotonía, como en «LA BABY» con Feid, Daddy Yankee y Sech, «Buenos Aires» con Mora y Zion, y «En visto» con Ozuna. Estas tres canciones suenan exactamente igual a lo que ya hemos escuchado en el género, repitiendo fórmulas que, aunque exitosas, resultan predecibles. A pesar de no ser derechamente  malas, carecen de esta expresión innovadora que Tainy nos había prometido y caracteriza al resto del álbum.

Cada cosa tiene su momento, y es evidente que desde hace más de cinco años, el reggaetón ha trascendido su origen como un movimiento cultural de nicho, para convertirse en el epicentro de la música en esta parte del mundo. Este género, que solía ser bastante subestimado, ahora domina todas las listas de éxitos, marcando quizás una revolución que ha transformado tanto la escena musical como el propio negocio.

Por eso, el hecho de que Tainy lance este proyecto en 2023 es tan importante. Entrelazando dos generaciones, una que lo vio crecer y otra que lo acompaña en su mejor momento. Un proyecto que él mismo ha dicho que se tardó entre dos y tres años en hacer para, finalmente, lanzar su primer disco como solista justo en el momento en que es necesario reinventar al genero que el mismo ayudo a levantar. El álbum que no solo rinde homenaje a sus raíces, sino que también apunta hacia el futuro del género.

 

 

Si me permito hablar desde un punto de vista más personal, la canción que más destaca para mí es “PARANORMAL”. La revista Rolling Stone en español incluso la nombró como la mejor canción del año 2023. Las letras de esta canción expresan el profundo deseo de recuperar un amor del pasado, del que no podemos escapar porque fue doloroso ver cómo esa relación se fue apagando hasta volverse fría y distante. Canción que -sin intenciones de sonar cliché-, me marcó porque la escuché en un momento en el que estaba pasando por una situación similar, lo que quizás me hace menos objetiva, pero también explica por qué me gusta tanto.

Y si vamos a hablar de una canción triste, claro que tiene que ser en compañía de Álvaro Díaz, que la hace sonar perfecta de principio a fin. El tema comienza con un beat agresivo, que en el clímax de la canción se transforma en un sonido más progresivo, para terminar con un cambio radical, un estilo más libre y una letra más rápida.

Podría seguir explorando cada pista del álbum y cómo destacan individualmente, pero no creo que pueda aportar algo nuevo a lo ya dicho. Sin embargo, se me hace imposible no resaltar «Volver» donde Tainy le cumple la fantasía a Rauw Alejandro de cantar una canción al estilo serie anime, con una base ambient electrónica que samplea “Lush” de Four Tet, y se mezcla con un beat de reggaetón, culminando en un Dubstep de la mano de Skrillex. Y “Me Jodí…” con Arcángel, donde vuelve a sus raíces R&B con un filtro brillante de Synth Pop, mostrándolo fresco y rejuvenecido.

Es admirable que un disco tenga como objetivo hacernos sentir conectados y humanos nuevamente. El reggaetón, en realidad, es música que nos trae de vuelta a la corporalidad, que cuando escuchamos sentimos esa innegable necesidad de movernos, bailar, recordándonos que somos humanos.

Con sus sonidos futuristas y beats profundos, Tainy nos llevó por un mar de emociones desde donde sentirse alegre, otras veces nostálgico o inseguro, son esenciales para vivir y ser humanos, donde toda esa emocionalidad esta bien. Aquello que nos ayuda a liberarnos de esa necesidad que hay en la sociedad que no nos permite sentir y que nos hace vivir como androides. Al final de la última canción, «Sacrificio», el androide Sena despierta, concluyendo el proyecto y recordándonos la importancia de nuestra humanidad.

 

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