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Sara Hebe: una perra punk poco convencional

Sin pelos en la lengua ni tapujos, la argentina trajo toda su energía e ímpetu a la escena del under porteño.

Comenzar una carrera musical en el 2007 no era fácil; la industria era muy distinta. Radiohead comenzaba a hacer las primeras grietas en el establishment de la comercialización artística, lanzando su aclamado disco In Rainbows, con un formato de pago que permitía a los fans elegir el precio a pagar por el álbum. Por otro lado, un par de ingenieros informáticos suecos comenzaban a materializar un pequeño programa que les permitía escuchar música en cualquier parte, un tal Spotify. 

Un par de años antes de todo esto, una joven argentina recorría 1000 kilómetros desde su ciudad natal Trelew a Buenos Aires para estudiar danza y teatro en medio de una de las crisis económicas más duras de las últimas décadas. Con el tiempo, comenzó a incurrir en el rap y el hip-hop de forma autodidacta, escribiendo sus primeros versos de rap sobre bases que encontraba en internet. Entre letras y melodías, se armaron los primeros bocetos de La Hija del Loco, el primer álbum de Sara Hebe. Un disco de 12 canciones que lo cambiaría todo. 

Desde ese momento, Sara Hebe ha sonado en prácticamente todas las radios y escenarios de Argentina y Sudamérica, ha sido nominada a Latin Grammys e invitada a distintos programas de televisión. Eso es lo que diría si es que fuese una carrera más convencional. Eso es lo que le pasó a Duki, a Dante Spinetta, a Nathy Peluso y a muchos más. Pero no a Sara Hebe.

A pesar de ser una de las artistas referentes del rap en su país, nunca ha alcanzado ese tipo de exposición en los medios tradicionales. «No estoy de moda. Hace diez años que estoy en esto y todavía no me pasan por la radio»  decía en una entrevista del 2019. Detrás de sus palabras más que resentimiento, hay decisión. Sara no busca el disco de platino ni el foco más brillante, ella quiere marcar su huella y plantar su bandera.

 

Fotografía: Martín Pérez Alfonso

 

Se ha paseado por el rap, por el reggaetón, la cumbia, el hip-hop, el punk y el rock, siempre con su propio estilo. No se caracteriza solo por su personalidad ecléctica y enérgica en el escenario, ni por sus letras provocativas que golpean de forma certera al machismo y conservadurismo. Sara Hebe destaca por su convicción. Con 40 años de vida, y casi 20 de carrera, sigue con un ímpetu infranqueable, transmite una emoción en el escenario que pocos pueden igualar.

Sara se presentó este 6 de enero en la Casa de la Cultura de Valparaíso, y la verdad es que la rompió.

 

Fotografía: Martín Pérez Alfonso

Encuentro Detonadas

Mientras pasaba el hachazo acumulado de las fiestas de año nuevo, figuraba acostado en un sillón viendo el celular sin ver nada realmente, pasando el rato buscando que el sueño me pillara desprevenido y ojalá horas más tarde despertar de una siesta que me obligara a saltarme por lo menos dos de las tres comidas del día. Ahí fue cuando vi en Instagram, con mis ojos ya casi cerrados: «Sara Hebe en Valparaíso», esa misma noche.

Todos tenemos artistas en esa lista de pendientes, que apenas surge la oportunidad de verlos, vamos sin pensarlo dos veces. Ella estaba en la mía, así que le escribí a la productora, en cosa de 10 minutos, ya estaba lista la gestión para ir a verla (saludos a la gente de Rojos Producen). Salí de mi estado de semi-hibernación, agarré mi cámara y partí hacia el puerto.

A la vez que me iba entonando para el show, escuchando sus últimos discos en el metro camino hacia Valparaíso, fui revisando sus letras, pensando en si tengo realmente la energía para aguantar el show completo.

Afortunadamente, para calentar el escenario se encontraban AlmenDra DelPilar y Zencilla, dos artistas que vienen echándose al hombro la escena del under rapero porteño desde hace tiempo. Se han presentado en escenario grandes y pequeños, estuvieron en el Rockódromo 2023, Zenci abriendo el show de Cuarteto de Nos en el Caupolicán y Almendra sabiendo reconciliar sus orígenes del campo junto a las influencias de la ciudad, colaborando con distintos artistas de la región.

Ambas han trabajado juntas tanto arriba como abajo del escenario, y se nota. Su complicidad y energía en tarima ayudó a poner a tono al público, que poco a poco se fue haciendo la idea de lo que vendría después. 

 

La complicidad del trabajo colaborativo. De izquierda a derecha: AlmenDra DelPilar, Zencilla. Fotografía: Martín Pérez Alfonso

 

Pero no fue hasta que llegó Sara que el ambiente realmente se trastornó. Entre gritos y manos arriba, subió al escenario, donde tocó temas de prácticamente toda su discografía. Desde sus cumbias más guarachas como Tuve que quemar, de su primer disco, pasando por éxitos que fusionan esa misma cumbia con un rap más urbano como Asado de fa, hasta canciones más duras y reggaetoneras como Chicken y SAL FINA.

Durante casi dos horas de concierto, Sara tuvo el local a sus pies. De la misma forma en que ella experimenta con sus temas, combinando sonidos e influencias, se dio el gusto de ocupar cada centímetro del local. No solo se paseó por todo escenario, se acostó, se lanzó sobre el público, y cuando ya no hallaba más espacio horizontal, tuvo que mirar hacia arriba, donde terminó colgándose de una de las vigas del segundo piso. 

 

Sara Hebe, en una maniobra que ya es casi costumbre en sus conciertos. Fotografía: Martín Pérez Alfonso

 

Así y todo, el escenario le quedó chico. En la última canción del show, no solo saltó al público, si no que se quedó abajo cantando y perreando con todas sus fans, que ya para ese punto parecían más un grupo de amigas gigantes que iban a la disco.

Y es que eso es lo que genera precisamente Sara Hebe. Ella no espera que los espacios se generen de forma espontánea, ni que lleguen en bandeja de plata, ella se los fabrica sola. De la misma forma que abrió su propio camino en la industria y en el rap. Sara rompe esa barrera imaginaria entre artista y público, armando un quilombo gigante, de gente que busca su lugar, de música que necesita alguien que la escuche, y de historias que tienen que ser contadas.

 

Desbordada entregándose al público. Fotografía: Martín Pérez Alfonso

 

Ese mismo caos latinoamericano que exuda la calle, la mezcla de disciplinas artisticas con la cultura y las vivencias del día a día, finalmente, la idiosincrasia de nuestro cono sur. Sara canta sobre la vivienda y el desalojo, sobre el agua y los bosques, sobre el amor el desamor y sobre la fiesta. Sobre todas estas cosas juntas, la vida de muchas y muchos, de los periféricos y marginados, de los que no suenan en la radio ni aparecen en la tele. Ella misma lo dijo el año pasado, no es una gran cantante como Mercedes Sosa, es más una perra punk.

Una que no espera tener la razón ni la verdad final sobre todo, pero si que tiene la valentía y la energía suficiente como para poner su grito (y sus canciones) en el cielo, en todos estos espacios donde le abran las puertas. Es por eso que se sube a todas partes, y en todas las posiciones. Para hacer patria y para hacerte escuchar hay que poner las manos al fuego, demonstrar que vas en serio. Por lo mismo, la argentina paga con lo única moneda que pareciera tener un valor equivalente, darlo todo en el escenario. 

 

Sara en el after junto a su nuevo gran grupo de amigas. Fotografía: Martín Pérez Alfonso

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