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Scott Pilgrim Takes Off: La reinvención de un clásico

La adaptación de Netflix de la obra original de Bryan Lee O'Malley, es una valiente y atrevida nueva mirada a una de las historias más conocidas por los amantes de los cómics, los videojuegos y las relaciones imposibles entre adolescentes.

Este texto da por sentado que has visto Scott Pilgrim Takes Off, por lo que se hablara abiertamente de ciertos puntos de la trama y momentos que podrían considerarse spoilers.

 

Ramona Flowers tiene 7 ex parejas malignas a las que debes vencer para poder estar con ella. Si has estado atento a los cómics desde 2004, a Michael Cera desde 2010 y a los videojuegos beat em ups desde el mismo año, probablemente conoces la historia de Scott Pilgrim y esta premisa te suena por lo menos remotamente familiar.

La obra de Bryan Lee O’Malley es una de las franquicias que más se ha expandido sin perder su pureza en el camino. Con una adaptación cinematográfica, de la mano de Edgar Wright, que ha conectado con muchas personas al rededor del mundo, la historia del chico de Toronto que debe vencer los 7 malvados lastres en el pasado de la chica de sus sueños, se ha convertido en una eminencia en sí misma, logrando éxito gracias a mantener aquella descontrolada pero al mismo tiempo medida dosis de humor, inteligencia y emotividad.

 

 

Si piensas en la mejor forma de transportar los cómics a otro formato, una serie animada suena como la opción segura. Un medio que comparte tantas similitudes con el material original, que sorprende el hecho de que primero se haya realizado un live action y que nadie hasta 2023 haya decidió llevar al terreno de la animación.

El momento ha llegado y Netflix es la encargada. Una fórmula probada y segura que dejaría contentos a los fans más leales, como a los recién llegados. Pero no, Scott Pilgrim Takes Off no sigue ese patrón y, para ser sinceros, ¿Por qué debería hacerlo? Después de todo, siempre se puede tener una nueva perspectiva de las historias que amamos. 

 

Erase una vez en Toronto, Canadá

No creo que alguien en este mundo pusiera en tela de juicio que el anime de Scott Pilgrim iba a estar muy bien animado. Lograr darle vida a un cómic tan marcado por su propio estilo, era una certeza incluso antes de iniciar el primer capítulo. Sin embargo nunca está de más decirlo, así que sí, Scott Pilgrim Takes Off se ve de las mil maravillas. El mimo y la pasión con la que el estudio ha logrado capturar la esencia de los cómics, agregando un movimiento cohesivo con este, nos reconforta y nos arropa en la nostalgia del buen conservadurismo.

Los momentos en que la serie se decide por poner a sus protagonistas a batallar, no deja de ser una firme muestra de que, tanto el cómic como la serie, encapsulan a la perfección esa magia de las referencias a la cultura pop. Street Fighter, Mortal Kombat, Metal Gear, Sonic e incluso el mismo videojuego de Scott, todas referencias muy bien pensadas que van de la mano con la visión original de Bryan Lee O’Malley.

 

Presentación de Knives (Ellen Wong) en Scott Pilgrim Takes Off (2023)

 

De todas las maneras en las que te podría mostrar una situación en particular, la serie constantemente te sorprende escogiendo la más bizarra, original, pero funcional dentro de este universo. Mezclando maneras de narrar a través de un lenguaje guiado por la pasión, lo interesante pasa a ser como te cuentan la historia y de qué manera vamos a volver a conocer a estos personajes, los cuales se desarrollan gracias a la precisa conexión entre valentía narrativa (ya hablaremos de eso más adelante) y el más descontrolado ingenio visual.

El trabajo realmente difícil lo tenía la cinta live action lanzada en 2010, la cual al conseguir un cuarto de lo que logra visualmente esta nueva adaptación de Netflix, se considera como la más fidedigna adaptación al cine de un cómic. Con una banda sonora compuesta por Amanaguchi y Joseph Trapanese, en conjunto con la prodigiosa animación, se consigue una sensación casi de ensueño. Aquella de estar en tu mente (educada por demasiados videojuegos) teniendo una cita con la chica de tus sueños y batallando contra los peligros de una futura relación la cual se ve amenazada por jefes finales que están ahí para demostrarte que vale la pena luchar por la persona que amas.

 

Más que «solo una etapa»

“Si tienes motivos para amar a alguien, no lo amas”, es una frase de Slavoj Žižek la cual siempre me ha parecido muy significativa a la hora de describir a Scott Pilgrim y su relación con las mujeres. Fuera de que el mismo Žižek me ridiculizaría por hacer una analogía tan simplista de su trabajo, la simple noción de que Scott deba batallar contra 7 personas, ya son en si un motivo para amar. No solo con Ramona, cuando sus amigos le preguntan a Scott porque esta Knives (una joven de 17 años) siempre tiene algo que decir, una manera de justificarse, una motivación que demuestra su estado de soledad pero también de nula noción ante las relaciones sentimentales. 

Tratamos de justificar la decisión de Scott a través del desafío de una confrontación, de buscar motivos por los cuales permanecer ahí, cuando en realidad, si el amor fluyera como se supone, no debería tener un motivo para hacerlo.

La relación de Scott y Ramona puede verse a través del amor si así se decide pero, en la práctica, siempre hemos sabido que no podría estar más alejada de la realidad. Nos aferramos a ella, por eso elegimos representarla a través de un mundo de referencias, videojuegos y alegorías a lo que amamos externamente, aquello que consumimos y que nos ayude a crear la figura cultural idílica que queremos tener a nuestro lado.

 

Presentación de Scott (Michael Cera) en Scott Pilgrim Takes Off (2023)

 

La imagen externa de un personaje es en sí un montón de referencias puestas la una sobre la otra, una que se ha repetido bajo conceptos como «Manic Pixie Dream Girl» o alguna otra palabra acuñada por algún crítico para ahorrarse y simplificar la explicación necesaria para desentrañar los contextos internos de un personaje. Si a esto le sumamos la tendencia a repetir fórmulas, la objetivación de la figura femenina como un trofeo y la necesidad insana del público por sentirse en control de sus propias obras, tenemos a lo que denominamos como el síndrome de Ramona Flowers.

En la adaptación live action de Edgar Wright, Ramona (interpretada por Mary Elizabeth Winstead) fue acusada de ser un personaje plano, sin muchos matices y con una labor más testimonial. Han pasado casi 15 años y esta crítica al parecer ha calado hondo en O’Malley y su equipo. Con esta nueva oportunidad, Ramona ha pasado a ser la protagonista absoluta de una serie empeñada por mostrar lo mejor de un personaje estereotipado hasta el absurdo.

El primer episodio es el 1 a 1 de las adaptaciones al pie de la letra. Partimos viendo a Scott en casa de Wallace, conocemos a los integrantes de Sex Bob-Omb y más adelante nos presentan al igual que siempre a la chica de nuestros sueños, con una incómoda conversación sobre algún tema friki, ya sea Sonic, Pac-Man o cualquier tema trivial que probablemente no te haga ser el alma de la fiesta.

Pasamos al primer oponente de Scott, Matthew Patel, un villano de poca monta sin mucha trascendencia en las anteriores versiones de la historia. Ya sabemos como terminara esto, Scott victorioso y en camino a la eternidad junto a su amada, la cual le explicara más adelante su misión y cómo debe luchar por ella, tal cual lo haría por un trofeo, por un logro en un videojuego, por esa dosis de serotonina que da la victoria. Pues no, Scott pierde y se muere, ¡sorpresa!

 

Scott Pilgrim en su primera batalla contra Matthew Patel

 

Quizás quisieron seguir los pasos de Naughty Dog con The Last of Us 2 (no lo descartaría) pero la serie decide traicionar tu confianza, arroparte para luego soltarte al vacío. Una valiente decisión que termina siendo ejecutada gracias a un cambio de temática y foco que nos ayuda a tener una nueva visión de todos los personajes, demostrando que quizás Scott jamás fue el héroe y muchas veces solo era una fantasía de poder.

Desde el momento en que este desaparece, la historia muta. Una situación que hace 15 años se solucionaba golpeando y combatiendo, esta vez se muestra a través de no buscar responsabilidades, sino que entendiendo a los personajes como una consecuencia de sus propios contextos.

Lo que nos espera es una historia detectivesca de Ramona buscando al responsable de la desaparición del chico con el que tuvo una sola cita. Desde ahí pasamos a conocer a las 7 ex parejas con otra perspectiva, como personas dañadas por sus pasados, pero también por la propia Ramona y su incapacidad de enfrentar un problema sin desaparecer como siempre lo ha hecho.

Un personaje icónico en la cultura popular, la razón por la que muchos cayeron rendidos, ya sea ante los cómics de 2004 o las películas de 2010. Ramona Flowers, en esta nueva perspectiva de Netflix, tiene la oportunidad de ser reorganizada, escapar de aquel molde de chica con pelos de colores con un imán de atracción proveniente desde la mas férrea e insoportable indiferencia. Si esta serie busca darle un giro a la historia que ya conocemos, lo hace a través de reinventar al personaje quizás más significativo que ha creado.

Bajo esta nueva mirada, y sin la presencia de Scott, podemos encontrar profundidad en la chica de sus sueños, pero también en su pasado. En como su egoísmo ha causado daño a aquellos que, al igual que Scott, han idealizado una figura casi de ensueño, una que presenta la falsa noción de la perfección. Muchas veces, si algo parece demasiado bueno para ser real, probablemente lo sea, en este caso así es, pero sin olvidarse que ese algo es una persona, una que debe afrontar su pasado para permitirse crecer y sanar.

 

Presentación de Ramona Flowers (Mary Elizabeth Winstead) en Scott Pilgrim Takes Off (2023)

 

En el episodio 3 vemos a Ramona enfrentarse a Roxie Richter, su ex compañera de piso en la universidad y un interés amoroso que la propia Ramona define como «algo ni siquiera tan serio» o «solo una etapa». Quizás el cómic esboce pinceladas de lo que pretende mostrar la serie (a diferencia de la película la cual ignora por completo este matiz), pero lo cierto es que a lo mejor tratar a una persona que en algún momento tuvo sentimientos reales hacia ti como «solo una etapa», no sea lo más agradable del mundo. Un episodio que deja claro el porqué necesitamos a Scott fuera para conocer estas historias, el porque Ramona necesita ser reinventada de esta forma y porque casi 15 años no pasan en vano si de volver a leer una obra tan importante como esta se trata.

Una refrescante y llena de vida mirada a lo que ya conocemos que se pierde por momentos gracias a tropezones en el camino por estar tan endurecida mente enfocada en no variar estructuralmente. Una vez que se nos deja claro que por gran parte de los episodios veremos a un ex siendo reivindicado, la fórmula permea en el ritmo de la serie, convirtiendo a algunos capítulos en predecibles interpretaciones que, a pesar de estar bien logradas, no dejan de verse venir, creando momentos de sinceridad pero sin saber articularlos con gracia dentro de un todo. 

 

Presentación de Roxie Richter (Mae Whitman) en Scott Pilgrim Takes Off (2023)

 

Durante lo que prosigue vemos esta retórica repetirse para darle espacio a personajes antes más relegados. De eso trata Scott Pilgrim Takes Off, de darle una nueva vida a la historia que ya conocemos. Por más que se haya vendido como una adaptación, la serie sirve más como secuela, como la continuación de algo más grande que sí misma, como la corrección de ciertas ideas que pueden haber quedado en el aire.

Con esto en mente, personajes como Knives, Wallace o gran parte de los antagonistas de las anteriores adaptaciones, reciben un trato especial, uno que intenta hacerlos más humanos a través de sus traumas; sus complejidades hacia sí mismos, hacia Ramona o hacia el trauma del abandono. Mientras que la serie progresa da bosquejos de hacernos entender que podemos repensar lo que conocemos. Lo que deberíamos dar por sentado se nos cuestiona, agregando capas de complejidad a personajes que ya conocemos, queremos y deberíamos siempre buscar entender de diferentes maneras.

 

Dejarnos atrás para poder seguir adelante

Luego de unos cuantos episodios de introspección, animación de altísimo nivel y una pasión por los detalles y estos personajes enfermiza, se nos deja claro que la persona que ha secuestrado y escondido a Scott Pilgrim de nosotros y de su propio mundo, es nada más ni nada menos que el mismo Scott Pilgrim desde el futuro. El porqué de esto es casi auto explicativo si has estado prestando atención a los 6 o 5 capítulos que anteceden este hecho.

Scott busca auto sabotearse porque tiene miedo a no cambiar, a tener que dejar ir porque el daño que le ha causado la obsesión concretada a través de los traumas de Ramona, lo ha destruido de por vida. Lo que se nos quiere decir es que bajo las circunstancias correctas, Scott pudo haber sido quizás el octavo miembro de los ex malignos.

La conclusión de esta situación se transforma en una batalla con el tiempo, con la idea de que las cosas pudieron ser distintas, con querer volver al pasado para corregir nuestras vidas. Un punto brillante que se mantiene como tal no por la idea en si, sino por el estar experimentándolo a través de esta serie. Quizás nuestras vidas, la de Scott o la de Ramona no puedan ser cambiadas, sin embargo, las fuentes culturales que hemos consumido durante toda una vida siempre tendrán la oportunidad de volver a internarlo, enmendándose a si mismas y entregándonos nuevas perspectivas sobre nosotros mismos en el camino, mostrándonos cuanto hemos crecido y madurado en el camino. 

 

 

“¿Conoces a Sonic The Hedgehog?”

 

Una metáfora meta narrativa que desemboca a través de el destino de dos personajes icónicos, sin embargo es capaz de traspasar las relaciones humanas y concretar en un juego audiovisual que es capaz de darnos una nueva idea de como las obras que consumimos no nos pertenecen, y no por eso, perderán valor, al contrario, siempre serán capaces de mutar y cuando lo hagan, nosotros seremos los encargados de recibirlas y entenderlas con el paso de los años, y diferentes versiones de nosotros mismos, como jueces. 

Luego de varios momentos de auto explicación y peleas perfectamente animadas, tanto Scott como Ramona entienden que no son el uno para el otro, que no son la recompensa al final del arcoíris, que Scott podría derrotar a un millón de personas y aun así seguiría sintiéndose solitario, teniendo o no a Ramona a su lado.

A pesar de esto, la serie decide por ellos y termina en una nota algo apresurada (bastante si nos preguntan a nosotros) pero positiva. Una en la cual ambos finalmente tienen la noción de que pueden ser mejores, pueden crecer, detener las idealizaciones, decidir intentarlo una vez más, esta vez buscando algo más que luchar por la chica de ensueño como único fin.

Scott Pilgrim Takes Off es lo que se necesita de vez en cuando para poder mirar a lo que consumimos con otros ojos. Si eres fan de toda la vida creo que hay dos caminos, enfadarte por el hecho de que hayan cambiado tanto la historia que amabas, lo cual está bien, no creo que se te pueda culpar por no querer soltar la nostalgia de unos recuerdos que, a pesar de todo, no se borran apreciar esta vuelta de tuerca y darle la oportunidad al paso del tiempo.

Entender que no por señalar cosas en concreto debemos eliminarlas, censurarlas o negarlas; hay veces en que podemos trabajar en ellas, crear algo nuevo, algo que nos haga pensar en lo que nos han dado, nos vuelven a dar y nos gustaría que nos dieran en un futuro.

Tanto Scott como Ramona siempre han sido personajes debatibles moralmente pero que están a la orden de sus obras. Shinji Ikari de Evangelion, Hannah Horvath en Girls, Punpun de Oyasumi Punpun, la lista es enorme y también el margen que estas historias pretenden dejar entre el espectador y lo que está consumiendo.

Quizás si pudimos aceptar que Shinji pudiera ser feliz en la obra final de Hideaki Anno, también podemos darle espacio a que entre 38.25 millones de personas en Canadá, 2 jóvenes dañados puedan volver a introducirse, conocerse y reivindicarse.

 

 

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