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Sex Education Temporada 4: El final de una serie memorable

Los estudiantes de Moordale se despiden a lo grande en un cierre medido y emotivo.

Este texto da por sentado que has visto Sex Education, por lo que se hablara abiertamente de ciertos puntos de la trama y momentos que podrían considerarse spoilers.

 

Cuando Sex Education se estrenó en Netflix en el ahora lejano 2019, fue un éxito absoluto, robándose la atención de los usuarios de la plataforma, pero también creando conversaciones sobre los tabús del sexo, las relaciones entre padres e hijos, parejas, amigos y, finalmente entre seres humanos. La importancia cultural de estos personajes pasó de ser una novedad de cara la representación, para convertirse en simplemente personas que queremos mantener cerca en todo momento.

La cuarta temporada de Sex Education enfrenta la disyuntiva conceptual de todas las grandes series que deciden dar un paso al costado. Como The Office o Friends, una opción es hacerlo demasiado tarde, cerrar la historia con el último de los alientos, sin esa pesada mochila pero con un sabor agridulce, uno que se traduce en que quizás no necesitábamos 4 temporadas para cerrar algunas tramas y tal vez, solo tal vez, con la partida de ciertos personajes, la serie debió entender que su momento había llegado (te extrañamos Michael Scott). Una vía de escape que la serie protagonizada por Asa Butterfield y Emma Mackey logra evitar de manera segura, a pesar de ciertos tropezones en el camino.

Los estudiantes de Moordale son y serán más de lo que vemos a simple vista. Esa cualidad que tiene el show de mostrarnos personajes que parten como simples estereotipos y transformarlos en seres humanos complejos y profundos sigue estando ahí. Bosquejos de emociones, los cuales mutan hasta transformarse en algunos de los personajes más importantes para la actual generación adolescente, quienes, de alguna forma u otra, han crecido junto a ellos. La cuarta temporada de Sex Education se entiende a sí misma y entrega un final a la altura, a pesar de tenerle miedo a afrontar un inevitable cierre, finalmente entiende y acepta su papel, el de saber dejar ir.

 

Una nueva escuela para un final inevitable

 

El inicio de esta temporada final es definitivamente caótico. Los ahora ex estudiantes de Moordale High, se enfrentan a un nuevo contexto, una nueva escuela, con nuevos personajes y una manera diferente de afrontar las complejidades de las relaciones humanas. Vemos a Otis, Eric, Aimee, Ruby y compañía, interactuar con situaciones que la jerárquica e inmutable situación social de su antigua escuela no daba por sentado.

Una supuesta vibra constante de libre expresión, paz y sanas relaciones, se transforma en el escenario donde la serie pretende mostrar una nueva realidad, la cual parece avanzada en temas de inclusividad y entendimiento social, sin embargo, al igual que muchas cosas de Sex Education, no todo es lo que parece.

Es aquí donde empezamos a conocer una gran cantidad de nuevos personajes, los cuales sobre el papel sirven para expandir y abarcar, en este punto es donde esta temporada muestra sus primeras costuras. Sex Education creció de la mano de ser una serie precursora de cara a mostrar distintos tipos de identidades, pasados y temáticas muchas veces mal representadas, esta vez parece olvidar esto, simplemente dando prometedoras señales de algo que jamás termina de encajar.

En Cavendish College la situación busca igualarse y funcionar de la misma manera que en las temporadas anteriores, siendo una muy buena sátira de esta hipersensibilidad que se expresa a través del alta moral que genera aquella idílica conciencia social absoluta. Lo que propone no deja de ser interesante, a pesar de esto, se pierde en el intento de incorporar un nuevo contexto tan abrumador, a tramas y personajes que necesitan respirar por sí mismos.

 

De izquierda a derecha: Aisha (Alexandra James) Roman (Felix Mufti) y Abbi (Anthony Lexa)

 

El resultado de este experimento termina en ciertos personajes con mucho potencial, pero que no dejan de entorpecer y ser un obstáculo en vez de un aporte de cara a lo que la historia nos pretende contar. Sin duda hay excepciones y gracias a eso es que es frustrante ver como la serie no decide que quiere hacer con los recién llegados.

Eric Effiong, quizás uno de los personajes más queridos de toda la serie, se ve beneficiado gracias a estas incorporaciones. Al encontrarse con una situación diametralmente distinta a la que vivía en Moordale, con nuevas amistades y un nuevo status social, comienza a replantearse la naturaleza de su antigua vida. Dudas hacia su futuro, su religión, sus creencias; incluso comienza a dudar de su relación humana más inquebrantable hasta el momento, la que tiene con su mejor amigo Otis.

Cuando estos personajes llegan a aportar a tramas que ya de por sí pueden cargar con un buen show, funcionan de maravillas, como es el caso de Eric, en donde sirven como nuevo grupo de este, otorgándole esa popularidad que tanto anhelaba y pasando a ser un motor generador de nuevas perspectivas. El problema es que esto rara vez sucede, por lo que terminamos viendo un gran número de sub tramas abriéndose en una temporada a la cual le cuesta encontrar esos aires de cierre.

Incluso O, interpretada maravillosamente por Thaddea Graham, es otro ejemplo de como hacer encajar a un nuevo personaje como un aporte a historias ya desarrolladas. La nueva terapeuta sexual ayuda a encontrar matices en Otis y Ruby, brillando gracias a, como siempre lo ha hecho la serie, ser mucho más de lo que vemos a simple vista. Caso que, ya sea por cantidad de personas en pantalla o por tiempo limitado, con personajes como Roman o Abbi simplemente no se logra, a pesar de que la serie trata que así lo sea. Como consecuencia muchos de las nuevas personalidades no salen de su molde, no dejan de ser un estereotipo sin desarrollar.

Ese es el mayor problema de esta nueva temporada y de muchos de sus personajes, les cuesta dejar ir. Les cuesta dejar de proponer para poder comenzar a dar cierres a personajes muy importantes para su trama. El ejemplo perfecto de esto es el de Jackson Marchetti, el cual parece perdido en un limbo de dilemas personales que se cierran abruptamente uno detrás de otro.

El personaje vacila entre distintas temáticas que no pasan de una presentación y un cierre anticlimático. Dependiendo de qué episodio estés viendo, Jackson puede estar preocupado por sobre que dice sobre su orientación ciertas prácticas sexuales, una supuesta enfermedad que lo enfrenta con la idea de la muerte o queriendo conocer a su padre biológico, quien al parecer fue más que un simple donador de esperma.

Lo mismo ocurre con Cal, el cual a pesar de tener un hilo narrativo claro y realmente conmovedor de cara a su transición, no deja de enfrentarse a situaciones más bien esporádicas que funcionan de gran manera cuando se les da mayor relevancia; sin embargo, la serie parece más enfocada en abrir nuevos hilos que a seguir los de personajes tan entrañables.

Esta temporada es quizás más recatada en términos de giros argumentales en comparación a la anterior. El problema es que nunca decide muy bien cómo enfrentarse a sí misma, un dilema algo intrínseco en cada uno de los personajes, el cual termina por corroer al ritmo de la obra, que sufre bastante por estas indecisiones. A pesar de todo esto, logra salir a flote y maniobrar un final difícil, lo hace gracias a lo que siempre ha hecho de Sex Education un éxito: personajes escritos de manera prodigiosa y un guión que trata al espectador de manera inteligente.

 

Quiero ser grandiosa o nada

 

Podríamos pasar todo el día hablando sobre cada uno de los personajes y el destino que la serie ha decidido para ellos. Sin duda alguna, esta cuarta temporada se enfoca en uno en particular, en la ya icónica Maeve Wiley, interpretada mejor que nunca por Emma Mackey. Con dilemas sobre la pérdida, el privilegio de poder formarse profesionalmente y la inseparable relación entre un autor y su obra, la ruda e inteligente chica carga con la pesada mochila de llevar la emotividad y el crecimiento personal a sus espaldas.

La historia de Maeve siempre ha sido complicada. Ya sea por sus traumas familiares, su situación económica o por simplemente ser un personaje al que le cuesta abrirse. Uno al que la confianza no le es fácil, aspecto que la hace conectar con Otis. Es en su relación con este en donde los escritores toman una decisión que marca al resto de la trama. Su relación sentimental durante gran parte de la temporada queda relegada casi a un segundo plano, un acierto enorme de cara a lo que se pretende hacer con un personaje tan único como Maeve.

Al comenzar vemos a Wiley en su hábitat natural, en un espacio seguro, en aquel en el que siempre quiso estar. Uno con el que lleva soñando desde incluso la primera temporada. En aquellas primeras conjeturas de la serie, Maeve se siente atraída y admira a figuras como Virginia Wolf o Emily Brontë, esta última incluso siendo citada en uno de los capítulos. Al inicio de esta despedida, Maeve ya no solo admira, Maeve es capaz de ser como ellas, de formarse para lograr ser lo que siempre ha querido ser, una voz fuerte, perspicaz y que marque la diferencia.

 

Sex Education Temporada 4, Emma Mackey como Maeve Wiley.

 

Desde el minuto uno vemos a una adolescente enfrentándose a un mundo nuevo, con una frágil autoestima que no tarda en ser desafiada por aquellos a los que admira, en este caso por su profesor. Ese momento en que su tutor, interpretado por Dan Levy, le dice a la insegura protagonista que simplemente no cree que tenga lo necesario para ser una buena escritora, es el momento en que la nueva vida de Maeve se desmorona. Esto, sumado a una sobredosis de su madre que resulta en una fatídica muerte, termina por ponerle los pies en la tierra a la joven y soñadora autora.

Los paralelos literarios con la historia de Maeve son constantes, por ejemplo, al ser rechazada por Molloy, a tal punto que decide volver de donde, según ella, jamás tuvo que haber salido. Situación similar a la de Jo March, la protagonista de Mujercitas de Louisa May Alcott, la cual también fue duramente criticada por su obra, lo que la lleva a replantearse su posición como creadora, volver a la casa donde nació y recordar viejas memorias con sus hermanas. Al volver a Moordale lo que Maeve encuentra son las mismas situaciones de las que estaba tratando de escapar, un hermano imbécil, una prometedora pero complicada relación sentimental y un destino del cual anteriormente había logrado escapar.

El guión entiende tan bien la situación de su protagonista que contagia al resto de personajes. Esa habilidad de crear sentimientos a través de escenas simples, bien estructuradas y con geniales sutilezas, sigue siendo uno de los platos fuertes de la serie. En esta ocasión, la gran parte de escenas que logran conseguir aquella intimidad tan característica, giran directamente alrededor de Maeve, la cual debe caer para volver a levantarse y cuando lo hace, lo logra con una actitud que resuena nuevamente con la obra de Alcott, esa que exclama Amy March al ser cuestionada por su posición de mujer en el mundo, aquella tan profunda frase que dice: «Quiero ser grandiosa o nada».

 

Louisa May Alcott, autora de Little Women (1832)

 

Una frase que por sí sola tiene un significado profundo y valioso, pero aplicada a la historia de Maeve consigue darle una nueva capa de profundidad a un personaje lo suficientemente completo. El desarrollo que la serie consigue para uno de sus protagonistas es de admirar, ya sea por tener la valentía de separarla de su principal interés romántico o haciendo que enfrente la pérdida de la manera más cruda posible. Para algunos puede parecer que el guión está ensañado con Maeve, que no le da un respiro y que parece sólo querer usarla como un escape de cara a la emotividad. Una lectura que no toma en cuenta el gran viaje que se pretende hacer con ella, uno que la haga darse cuenta de sus debilidades y fortalezas, uno que la obligue a volver tomar las riendas de su vida.

Finalmente, Maeve logra cumplir aquello que Virginia Wolf planteó cuando escribió Una habitación propia. Aquella estabilidad, tanto económica como también del pensamiento, gracias a un espacio propio en el cual crear. Ese es el desenlace de Maeve, el de estar dispuesta a dejar ir, a permitirse soñar y volver a fallar. Cuando vuelve a Estados Unidos y se enfrenta a su profesor, Maeve repite que a diferencia de muchos de sus compañeros, ella no ha tenido una habitación propia, no tiene un plan B, no tiene el dinero para volver a intentarlo y que esta oportunidad para ella es su escape para permitirse soñar con un futuro mejor, sea sola o acompañada.

 

Saber dejar ir

 

Ya he explicado el mayor problema de esta nueva temporada, el no saber cuando dejar ir, el querer seguir creciendo, creando, representando y contando. Cuando Sex Education finalmente se decide por cerrar, lo hace mejor que nadie. Decide dejar atrás a una Aimee superando una de las peores experiencias en la vida de una mujer, con un nuevo compañero a su lado; deja atrás a una familia Groff dispuesta a volver a empezar, a un Eric conservando lo que ama y dejando ir aquello que no, a una Jean Milbourne la cual entiende que a veces hasta la terapeuta más sabia no puede con todo.

Dejamos atrás a un Otis que debe seguir creciendo, aprendiendo, equivocándose y tratando de no seguir hiriendo a personas como Ruby, Maeve o su propia madre. Admitámoslo, Otis nunca ha sido un gran tipo, quizás sí un buen protagonista, pero moralmente está lejos de lo idílico. Eso hace de Otis al protagonista perfecto, lo mismo que hacía de Hannah Horvath de Girls ser distinta, es lo que convierte a Otis en un gran protagonista, puede ser imperfecto, egoísta y dañino, un reflejo de lo que necesita la serie para funcionar y ponerlo siempre en su lugar.

 

Otis Milburne, interpretado por Asa Butterfield.

 

El acto que Otis realiza al final de estas 4 temporadas es quizás el final más modesto y simple que se nos pueda ocurrir, pero no podemos negar que es el correcto. Dejar ir a Maeve es el paso que siempre supimos que se tenía que dar. La relación de Maeve y Otis es esa que en la vida real se hubiera quedado en un escueto: «ojala hubiera funcionado». Por eso muchos nos aferramos tanto a ella, mientras que otros más despiertos pasan una mejor opción, una más sana, una como la de Otis y Ruby, la cual se convirtió en una favorita de los fanáticos.

Sin embargo, esta temporada final no va de eso, no va de finales realmente felices, no va de ni siquiera de parejas, esta temporada, y el show en su totalidad, va de personas y seres humanos, de su relación con la sexualidad, la vida, la maduración y la transición de la adolescencia a al inicio de la adultez. Esa filosofía se mantiene porque no pretende ver a las personas dentro de una relación, las ve como seres individuales que deben entenderse como tal para poder dejarse ir. A pesar de que a ratos le cuesta, la serie lo logra, logra dejarse ir, a través de una ventana y los millones de kilómetros que separan a Maeve y a Otis.

La responsabilidad de terminar una serie tan popular como Sex Education nunca es fácil de llevar, sin embargo, los estudiantes de Moordale se despiden a lo grande en un cierre medido y emotivo. Con una trama cambiante que lucha constantemente con un ritmo perjudicial, el resultado es un modesto y correcto final, el cual nos deja con mucho que extrañar y personajes que no se borraran de nuestras cabezas a pesar del paso del tiempo.

 

 

 

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