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Suave Pendiente: Un abrazo untado en la miel

El tercer disco de Niños del Cerro, Suave Pendiente, es la realización de una búsqueda por un sonido experimental y apacible, moviéndose entre toques andinos y motivos nostálgicos

Lance (el segundo trabajo de Niños del Cerro) fue un desborde de emociones llevadas a través de la psicodelia y los sonidos de una ruptura luchando por no desbordarse. Una sensación que, contrastada con la geografía narrativa expresada en Nonato Coo, paseando por las calles de La Florida y Puente Alto, dibujaron el recibimiento de Suave Pendiente, el último disco de Niños del Cerro, en un 2022 que se vio doblegado ante los sonidos más oscuros, poéticos y nostálgicos.

Lo que nos ofrece Suave Pendiente son todos esos sonidos que la banda ya venía trabajando con anterioridad, pulidos y más medidos en busca de una cohesión más estructurada. Esta búsqueda por integrar elementos del noise rock, ya conseguidos de gran manera en Lance, a una nostalgia ambientación que derive en momentos de folk con un pie en la cultura andina.

Más que los estilos y buscar como encasillar al proyecto, Suave Pendiente es pura emotividad, una travesía que pasa por el amor, el desamor, los territorios, la muerte y las melancólicas ideas que se muevan entre medio. Llevando a lo material a lo más oscuro y desafiante del fin de una relación, no deja de atraparnos en su sentido de melancolía abordado desde el abandono. Temáticas que se contraponen a la sensación que nos produce, una que emula la plenitud de la honestidad, un abrazo que necesitamos.

 

Suave Pendiente

 

El destello amarillo

 

El inicio de Suave Pendiente es potente por la unión entre sus ideas. «Povidona», sirve y presenta los conceptos centrales del álbum de inmediato, y más que nada nos abraza en esa apacible calma de su sonoridad para ser un opener preciso y medido. Lo que sigue es «Tentempíe», «Miel» y «Mi Modesta Ceguera Personal», 3 canciones que se unen en transiciones preciosas, cada una más creativa y acorde con la anterior, terminando esta secuencia gritando «sonriente y valeroso, es así como quiero morir», como un lienzo de esperanzada desolación.

Este arranque, con la distancia de sus casi 3 años a las espaldas, no pasa en vano, sigue teniendo la tracción que podría esperarse del mar de intenciones que propone. Con un hilo romántico del más puro indie rock, «Sulamita», manteniendo sus motivos líricos en una exploración de lo que pretende ser una referencia a la Sulamita, y su historia contada en el libro “Cantar de los Cantares”, que forma parte del Antiguo Testamento es, en unión con «Tamarugal», una de las canciones más pegajosas y coreables del disco.

 

 

Como una interrupción casi en seco, «Frío Frío», haciendo referencia al clásico juego de frío, caliente y tibio, es una hermosa pieza por una progresión que destroza. En particular tiene una letra quizás más aterrizada en lo personal de cada uno, transformando ese «si este es tu dolor, cuídalo mejor» en un mar de interpretaciones que se ajusten a quien la escuche. Desde aquí podría ir track por track contando como «Daniel» nos hace explotar y «Mamire» tiene la batería mejor lograda que he escuchado quizás jamás, pero han pasado 3 años y la tinta da para mucho, no creo que pueda aportar algo fuera de lo ya dicho de esta manera.

 

Que es la Suave Pendiente

 

Reformulo. Lo gestado por Simón Campusano, Pepe Mazurett, Felipe Villarubia, Ignacio Castillo y Diego Antimán tiene tantas vertientes que no sirve de mucho verlas por sus propósitos prácticos, es más interesante hablar de lo que genera en nosotros. Recuerdo escuchar Nonato Coo cuando era más chico (y mucho más pretencioso). Soy de Puente Alto, así que el solo entender que el título venía de una calle por la que en algún momento de mi vida había pasado, me hizo, de cierta manera, conectar con Niños del Cerro desde un comienzo. La preciosa geografía lírica del día a día se fue pasando y con el tiempo me metí en otros estilos y Los Niños fueron quedando atrás. Con el tiempo escuché Lance casi por azar, de nuevo, estuve pegado otro tiempo más; sin embargo, volví a perderles la pista. 

 

 

Hace poco, no sé muy bien por qué, recordé que Suave Pendiente había salido y que por lo que entendía era bueno. Sí, Nonato Coo tuvo bastante peso en recordarme siempre un paisaje con palmeras y calles grises, Lance me marcó por escuchar sonidos diferentes a los que no estaba acostumbrado; sin embargo, Suave Pendiente llegó en el momento justo, en el que sin saberlo, cada una de las letras y sonidos de su marco teatral me reformaron en la idea de que a veces olvido lo mal que estuve y puedo estar si me descuido.

Por eso cuando escuche «si este es tu dolor, cuídalo mejor» lo tomo como palabras compuestas por mí mismo, para el yo del futuro, para hacerlo entender de que ya me rompí, puede volver a pasar y que, de pasar otra vez, abrace ese dolor y lo cuide protegiéndolo como se debe. Esta realización para mí es la Suave Pendiente. A diferencia de Nonato Coo, no necesito conocer el lugar para entenderlo.

Nunca he sentido el viento andino, probablemente nunca lo haga, pero la emotividad que nace desde «Mamire» a la hora de gritar que esa ventisca se lleve todo consigo, la conozco, aunque a veces me gustaría no hacerlo. Hay pocas cosas que sean más genuinas en una obra de cualquier índole que llegar a la realización de que somos vulnerables. En la música, los videojuegos, los libros, cualquier forma de expresarse. Esa forma de crear conciencia personal en nosotros mismos puede ser melancólica, puede ser alegre o triste; incluso vacía, en Suave Pendiente, para mí, y quiero creer que para otros más, esa conciencia nace desde la sinceridad y desde el miedo a pocas cosas más que a nosotros mismos, a ir partiendo.

 

«Todo lo que quiero, amorEs perder el miedo a morir en este sueñoTápame los ojos y cántame algo lindoQue yo ya voy partiendo».

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